Un punto de referencia

“Afirmar que el cristianismo es la verdad acerca de la realidad total significa que es una cosmovisión íntegra y completa. El término significa literalmente una concepción del mundo. Esta cosmovisión es como un mapa mental que indica cómo navegar por el mundo eficazmente. Es la impronta de la verdad objetiva de Dios sobre nuestra vida interior.” (Nancy Pearcey)

Postmodernidad. Relativismo. Es  la era en la que nos encontramos ahora. Las artes y las ciencias están impregnadas con este marco de referencia. Como diría Jean-François Lyotard: “Simplifying to the extreme, I define postmodern as incredulity towards metanarratives” (1); que traducido sería: “Simplificando lo extremo, yo defino el postmodernismo como una incredulidad hacia todas las metanarrativas” (2).

Hoy en día, parece ser que hay una disputa en torno a este tema, pues muchos afirman que no debiera existir ningún marco de referencia universal para establecer todo lo que es correcto e incorrecto, es decir, no es aceptable hablar de un universalismo en cuanto a los temas de ideología y moral social, al menos.

Sin embargo, cabe mencionar que en sin importar la época, la sociedad ha tenido distintas cosmovisiones, es decir, distintas formas de ver e interpretar el mismo mundo, la misma realidad que vivimos todos los de la raza humana. Lo cual podemos decir también que no es propio del posmodernismo el simple  hecho de tener distintos puntos de vista, eso es algo propio del humano, sin embargo, es realidad que hay una diferencia en las épocas y los siglos.

El pensamiento moderno que inició tras la era de la razón iniciado en el siglo XVII, pasando por el siglo XIX y cerrando en el XX, definitivamente una verdad universal, en torno a toda actividad del hombre, en la filosofía, en las ciencias, en el arte, en la tecnología, etc. Se tenía en alto estima el pasar todo por el filtro de la Razón; tenemos al filósofo René Descartes con su emblema “Pienso, luego existo”. El punto de referencia era precisamente la Razón. Por ende, la resolución de la discusión acerca de lo que era correcto e incorrecto podía realizarse a través de la lógica y la coherencia filosófica. De esta manera, la filosofía griega encajaba bastante bien, pues realizando un buen argumento podrías reconocer si eras o no un buen pensador.

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El problema fue que la sociedad no quedó satisfecha con tener a la razón como su eje o marco de referencia, Francis Schaeffer dijo:

“Después, la hilera interminable de círculos trazados a través de la historia cesó. Sobrevino un cambio drástico ya que el ideal humanista fracasó y entonces el hombre humanista cambió el optimismo por el pesimismo; se olvidó de la esperanza de una respuesta unificada y esto hace al hombre moderno lo que es ahora”. (Schaeffer: 51)

La propuesta hecha por el hombre fue abortada por él mismo. Lo cual dio paso al pensamiento romántico que proclamaba que los sentimientos eran los que determinaban la realidad última.

Sin entrar a detalles de ese recorrido histórico del pensamiento social y cultural, al llegar a nuestra era, la propuesta es confiar en un marco de referencia para interpretar todas las cosas: “La verdad es que no hay una verdad”, esta misma sentencia ha tenido diversas críticas y en sí misma genera una contradicción. Por lo cual basta con decir que si no hay un marco de referencia no puedes realizar todo lo demás. Algo más lógico sería decir: mi punto de partida, mi creencia, mi fe, mi verdad única es que no hay una sola verdad para los demás puntos, solo de aquella sentencia. Sostener esto, sería mucho más honesto, a pesar de la contradicción que genera.

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Bien, quizá otros puedan argüir un nuevo enfoque con una ligera diferencia : “La verdad es que hay muchas verdades”, bien, de nuevo, sostenerte en este punto implicaría que tu propia sentencia podría errar, a menos que reconozcas que es ahí donde decides plantar tu creencia o fe.

Cabe mencionar el uso de la palabra fe en dicho texto. Diversos amigos ateos me han expresado el disgusto que tienen por esta palabra, ya que connota a un término “religioso”; sin embargo, tomando la definición de la propia cosmovisión humanista, he aquí una: “una confianza ciega, creencia infundada”. (Bunge, 2005: 81) (3). La implicación de ésta definición encaja perfectamente cuando nos sostenemos sobre una antinomia (4), como las que hemos mencionado.

Mapa de la Cosmovisión Bíblica

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El cristianismo tiene un punto de partida, una “metanarrativa” que explica todo lo demás. De entrada plantea el origen, el problema y la solución, junto con el futuro. Y no tiene miedo de afirmarlo.

Asimismo, las otras cosmovisiones están al mismo nivel de creencia y fe que la cosmovisión cristiana. Cabe mencionar que la fe para el cristianismo tiene la siguiente definición: “Ahora bien, tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Por lo tanto, la única diferencia con la definición humanista es que la fe implica confianza y convencimiento, no implica una irracionalidad o una esperanza ciega. Y la confianza tiene que ver con una relación, el Dios del cristianismo es relacional, es decir, se relaciona con el humano.

Hemos de concluir en este artículo que el cristianismo no es inferior a las otras visiones, el cristianismo no sólo arguye ser una religión, trae consigo una interpretación sobre todo lo que hay. Tal y como lo expresó el novelista inglés: “Yo creo en el cristianismo como creo que el sol ha salido. No sólo porque lo veo, sino porque gracias a él veo todo lo demás. – Is Theology Poetry”. C.S. Lewis.

 

(1) Lyotard, Jean-Francois. 1984. The posmodern condition: A report on knowledge. United States America: Manchester University Press.

(2) Traducción propia.

(3) Bunge, Mario. 2005. Diccionario de Filosofía. Argentina: Siglo XXI Editores.

(4) Contradicción o incoherencia de hipótesis.

 

 

 

 

 

 

 

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Jóvenes y la educación: preparatoria estatal en Mérida, Yucatán

Dedicado a A los jóvenes del 2do grado, grupos A, B y C

 Hace cuatro meses conocí a unos jovencitos que jamás olvidaré en mi vida. Con cariño recordaré a mis ex alumnos de la Escuela Preparatoria Estatal No. 8 “Carlos Castillo Peraza”, Mérida, Yucatán. Escuchamos hablar de educación en todos los medios de comunicación, es un tema recurrente, sobre todo para el país mexicano. Nuestra educación resulta ser insuficiente en comparación con otros países de primer mundo. ¿Qué diremos en medio de un panorama que no nos pinta buenas noticias?

Desde la primaria estamos acostumbrados a un sistema educativo al estilo “militar”; nos debemos levantar muy temprano, formarnos en filas del menor al mayor, luego el profesor habla y regaña a cada momento si no prestas atención. Eso por seis años. Más tres de secundaria, y tres más de preparatoria. Justo ahí me encontré con ellos, en su octavo año del mismo sistema. Sí, el mismo año en que los Youtubers y la Mars revolucionan a la sociedad juvenil, tanto Millenials como Generación Z. Es prácticamente un hecho que no tomamos en serio los discursos oficiales que dicen los políticos y diversas autoridades sociales.

Hacer las cosas diferentes, innovar, modificar, mejorar, son características que me han seguido desde joven; pero ¿cómo hacerlo en medio de un sistema grande y pesado? Así que tuve una idea, mis clases serían diferentes. Me propuse a enseñarles a mis estudiantes a pensar por sí mismos.

Tener clases diferentes no sería el único plan que debía ejecutar para marcar una diferencia, y quizá mover un poco la malla que nos limita a los mexicanos en ser estudiantes brillantes. Definitivamente tenía que ganarme su atención, pero no sería con el método tradicional: “te regaño y me respetas”, “yo doy órdenes, tú las obedeces”. Me di a la tarea de interesarme en sus vidas de manera particular e integral, sabía que no podría llegar a conocer las necesidades de todos pero si podría entender a algunos que tuvieran el interés, tanto de aprender como de vivir.

Me encontré con vidas individuales con ganas de trascender, con muchas preguntas, y pocas respuestas dadas por los adultos. Vidas que viven el presente y ciertamente no piensan en lo importante que es su futuro y que cada cosa que hagan el día de hoy tendrá consecuencias que marcarán lo que suceda mañana. Pero precisamente para eso estamos los maestros, para servir de dirección a ellos, no para juzgarlos.

También me di cuenta del talento que tenían, algunos habían realizado un excelente trabajo fotográfico, tienen la calidad de participar en un concurso me dijo un amigo, al ver sus fotografías. Me encontré al violinista, al pintor, al guitarrista, a los que saben actuar, a los escritores, a los poetas, a los que aman escribir teatro. Les dije el último día de clases: -yo no creo que haya alumnos tontos, ustedes son inteligentes, lo que creo es que hay maestros que no saben encausar sus energías-.

La pereza, el conformismo y la amargura destruyen la experiencia maestro-alumno. Les dije que los entendía, -yo no fui la chica más inteligente, no siempre fui lectora, no siempre hacía las tareas; pero hubo un punto en el que toqué fondo y ver mis malas notas me hicieron recapacitar, fue entonces que entre otros puntos de esperanza conocí uno que me cambió la vida: la lectura y la escritura.-

-¡No tienen que seguir así!- les dije, esa era la buena noticia; les animé a que si no habían tenido un año tan bueno en sus notas, dieran el giro a su vida, podían hacerlo. Después de todo, una servidora, era un ejemplo imperfecto de cómo el esfuerzo y las ganas de hacer algo por la sociedad trae su fruto en algún momento. Ya no era la adolescente que seguía a la multitud, ahora estaba parada enfrente de ellos enseñándoles valores, responsabilidad, pensamiento crítico y literatura; cosa que en su edad nunca imaginé hacer, pero ese día yo misma me sorprendí de ver cómo la influencia de mis profesores había dado fruto y ellos lo estaban saboreando.

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La literatura y la pobreza

 

 

VELANDO POR EL RESPETO Y DERECHO A LA MUJER

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Fue a los 12 años que experimenté un primer acoso en la calle, en la esquina enfrente de mi casa; un hombre con apariencia de drogado y locura (ojos muy abiertos y una sonrisa sin sentido) me habló, me regaló una paleta y me dijo que me esperaría todos los días en la misma esquina. Para una niña de 12 años que apenas salía sola a la calle eso era una amenaza tremenda. Con miedo inusual le dije a mi madre. Ese miedo que no podemos explicar, el cual tenemos por algo que no hemos cometido.

Como una “iniciación” me siguieron años de uno que otro evento de acoso, algunos más leves, otros más intensos; como por ejemplo una mañana que iba camino a mi universidad, y un hombre flaco con apariencia de drogado me seguía el paso a mi lado izquierdo, ligeramente atrás de mí. Yo trataba de actuar normal, por supuesto. Pero, al parecer el “tipo” no cedería a mi desatendido. Estuvimos así como dos o tres cuadras largas y lo pude perder con un podo de artimaña. Pero eso no terminó ahí, al otro día me esperaba en el mismo paradero, ¿caminaríamos las 3 cuadras de nuevo?, ¡oh, no!, ¡qué pesar! Pero, acaso nadie ve la violencia que me está causando este sujeto. Al parecer no. Entonces vi a un policía, al fin podría tener un poco de “seguridad”. Corrí hacia él y el sujeto se esfumó rápidamente, a penar pudo verlo de lejos el policía, le expliqué todo lo que me había estado “haciendo”: me había seguido, esperado, incluso el segundo día me susurró al oído algo como “-hola, ¿tienes miedo?-“, en pocas palabras: me había acosado. Lo curioso fue el diálogo que tuvimos el policía y una servidora:

-¿te tocó o algo así?,

-no, sólo me seguía-

-Ah, bueno. Pero ya se fue.-

Yo me quedé paralizada, decepcionada y algo aliviada, al menos alguien más ya sabía de este evento. Quizá al ver mi miedo el policía me dijo que tomara mi camión para la universidad y que él vigilaría que no se acercara nadie en el trayecto. Así que ese día más cuidada pude abordar el autobús. Fue muy amable de su parte de aquél hombre con sombrero azul. Mientras que el otro sujeto me miró desde lejos en la misma esquina por donde se había fugado. No lo volví a ver.

Como estas, tengo historias de cuándo me han violentado los hombres en sus distintas manifestaciones: “chiflidos”, “piropos”, frases como: “bonita”, “hola guapa…”. Al parecer el hombre siente un tipo de “licencia” para expresar sus deseos, a costa de faltar al respeto a la mujer. No. Con esto no quiero decir la frase típica “todos los hombres son iguales…”; sino más bien, lo que quiero decir es que aún falta mucho para erradicar la falta de respeto que se está acostumbrado a dar a la mujer de nuestra época. 

No quiero etiquetar ni pretendo dividir a las clases sociales, pero curiosamente quienes acostumbran este tipo de comportamiento son los hombres de la basura, camioneros, pepenadores y vagabundos. Quizá la tarea del sector educado y académico sea trabajar más en cómo educar y concientizar a este social. Quizá sea necesario ejecutar penalizaciones para esta violencia no visible, pero real y de igual magnitud hacia la integridad de la mujer.

 

REPENSANDO LA INFANCIA DEL SIGLO XXI

El día de hoy les hablaré un poco más casual que como lo he hecho en las ediciones pasadas. Tengo un viejo recuerdo de cuando era pequeña y veía la televisión junto con mi hermano, no recuerdo el número de canal que era, pero se trataba de “TV-UNAM”, había por las tardes una programación para niños; en realidad no recuerdo qué programas en particular veía en ese canal, pero lo que sí recuerdo es que salía un comercial muy peculiar que llevaba consigo una canción pegajosa para el oído, la letra iba así: “córrele, córrele, si ese grandote no quiere entender, córrele, córrele, y ponte a salvo será por tu bien… después lo aclaras ¡pa’ qué tienes pies!…”

No me daba cuenta de la cosmovisión que ésta presentaba; un mensaje tan claro y directo iba en las ondas musicales que se presentaban. Revelaba por supuesto, el pensamiento que se vivía en nuestra época. Ya desde los años 60’s se había dado la Declaración de los Derechos del Niño, pero no es hasta el 2 de septiembre de 1990 que entra en vigencia el tratado a nivel internacional (UNICEF), en el que México estaba siendo parte aún (cabe recalcar que la creación de este fue en el año 1953, pero no se había propagado hacia México sino hasta 1990). Es decir, justo el año en que nací se empezó a dar vigencia y vigor a la defensa de los niños en México.

Este comercial estaba educándome (o dándome una Paideía[1]), sobre qué debía hacer moralmente; me enseñaba a “qué hacer cuando mis padres me quieran pegar”. Lo curioso era qué yo no tenía un conocimiento previo de la educación antigua salvo por las historias de mis padres acerca de cómo les castigaban mis abuelos. Mi madre no tenía en definitiva la cultura de golpearnos o gritarnos de manera desordenada. Ella tenía un carácter manso el cual nos daba alegría a mi hermano y a mí, porque con ella sentías la confianza de equivocarte y estar “libre de culpa”. Así que la canción sólo se me daba curiosidad, y gustaba por tener un buen ritmo.

Veintiséis años después de aquella declaración, y veinte de aquella experiencia, la manera de ver a la infancia no ha cambiado mucho. Se siguen proclamando y defendiendo más derechos de los niños, se siguen creando programas para que el niño logre una vida feliz y satisfactoria, en comparación con los adultos; quienes se dice que en realidad ellos si están llenos de preocupaciones. Sin embargo; hoy en día el niño parece ser un pequeño emperador, el que dirige a la familia, el que dicta las reglas del hogar. Los padres en su intento por complacerlos y darles todo, se encuentran obedeciendo las órdenes de ellos. De nuevo, un aspecto marginal se exalta hasta convertirse en el eje rector y el otro se vuelve marginado.

Las preguntas serían: ¿cuándo volveremos a intercambiar paradigmas?, ¿no nos cansaremos de regresar a lo mismo y estar jugando eternamente?, Primero los padres como autoridad hacia sus hijos; luego los niños siendo la autoridad de los padres. Es una realidad que los padres quebrantaron la regla moral de protección, amor y cuidado a sus propios hijos, es una triste y penosa realidad que exista desórdenes tan desastrozos como la pedofilia, infanticidio, o violencia de cualquier índole. Sin embargo, realizando un simple intercambio, sólo ha generado niños mimados, perezosos, inmaduros, dependientes y autoritarios.

Ésto sólo nos deja ver la problemática humana más profunda, dominio y exhaltación del ego. Sólo nos deja ver a un ser humano poniendo en primera instancia sus propios deseos e intereses; actualmente los niños usan los discursos de poder para salir beneficiados. El niño no puede ser tocado por nadie, ni por los padres ni por los profesores y la capacidad de aplicar disciplina se vuelve cada vez más restringida y compleja. Con esto, no sugiero que se regrese a la época de “golpes con la cuerda y gritos sin sentido”, no; pero si reflexionar que nuestra problemática es más global.

El niño necesita padres que le amen, le guarden, le provean y le capaciten a ser un individuo capaz de ser pleno hacia él mismo y hacia su entorno social. El problema no son si tiene o no derechos, el problema es si su padre le abandona o no, si su padre le pega o no, si su padre es un ejemplo ético o no. Ciertamente los derechos fueron creados y se utilizan para regular la conducta humana; de nuevo las preguntas son: ¿acaso acabará el problema?, ¿seguiremos dando vueltas de intercambio jerárquico (o deconstructivo) [2] a nivel ideológico?

Silvia Polanco

[1] Se refiere al término usado en la antigua grecia para referirse a la crianza y enseñanza moral de los niños.
[2] En otras ocasiones se ha mencionado este concepto para referirse a la propuesta postestructural a nivel literario, filosófico e ideológico, la cual consiste en realizar una inversión entre lo central (élite que oprime) y lo margidado (la víctima). Es uno de los principales principios ideológicos que se utilizan en los grupos y movimientos que se han levantado durante el postmodernismo.

El arte escénico y su impacto social a través de la cosmovisión

La concepción palimpsesta-deconstruccionista del teatro,
dos aspectos centrales de la postmodernidad,
es el rasgo más destacado de las formas espectaculares actuales
(Alfonso del Toro-Universidad de Hamburgo)

Libros, música, pintura, danza, arte escénico, etc., son considerados dentro de las bellas artes, y a su vez componentes capaces de proyectarnos (o informarnos) distintas visiones de mundo El arte y la información es prácticamente al instante; la comunicación se ha vuelto más accesible. A menudo se habla de la influencia que ésta ejerce sobre los individuos; se habla de un mundo globalizado. Sin embargo, hay otro arte que también ejerce influencia representativa, el arte escénico, el cual involucra distintas expresiones humanas; es decir, utiliza el cuerpo, las sensaciones humanas, la música, etc.

Como cada propuesta artística, el teatro tiene una profundidad teórica particular; la “visión confesional” que presenta en su fundamento atraviesa hasta el detalle más “insignificante” que pudiera parecernos. Esta visión también se le puede llamar Cosmovisión[1], la cual nos indica las presuposiciones básicas que se tiene acerca de la realidad visible e invisible, ésta dicta la interpretación y sentido que se le da a cada cosa y situación que se presenta. Pero no sólo hablamos de una interpretación al nivel teórico, sino nos zambullimos al plano de la acción:

Toda la función del pensamiento es la de producir hábitos de acción. Lo que un hábito es depende de cuándo y cómo nos mueve a actuar. Por lo que respecta al cuándo, todo estímulo a la acción se deriva de la percepción; por lo que respecta al cómo, todo propósito de la acción es el de producir un cierto resultado sensible. Llegamos así, a lo tangible y concebiblemente práctico como raíz de toda distinción real del pensamiento. [2]

Es decir, el arte escénico nos está educando, como dirían los antiguos griegos se está enseñando la “Paideía”. El público tiene la tarea de estar bien puesto para observar cuál es esa “visión confesional” o práctica, que se está proponiendo. Para así tomar más conciencia crítica sobre ello. El individuo siendo un ser complejo y artístico por naturaleza (en menor o mayor medida) se figura como el mejor crítico para sí. Luego entonces, él decide qué opinión generar para adoptar como su propia creencia, que más tarde se convertirá en acción, y ésta no resultará neutral para el entorno social.

La estudiante de arte escénica Ana Correa[3] nos comenta sobre este proceso en su área de estudio y trabajo, ella menciona: “el cuerpo y los movimientos están significando una determinada cosmovisión; he ahí la importancia de escribir teoría del arte escénico además de ser artista”. Por ejemplo, el teatro posmoderno es prácticamente el que nos rodea, el teatro deconstructivo[4] es una propuesta que ha abarcado más que el área literaria, se ha impregnado en cada construcción de mundo, en el arte, en el estudio social y humano.

¿Seremos capaces de identificar la cosmovisión que hay detrás de cada propuesta teórica artística? Y no hablo de ser eruditos o expertos en la materia, sino que ¿podremos conocer nuestras propias creencias fundamentales, y sopesar cuáles se pueden o no adherir a nuestra convicción individual? Pues recordemos que el humano vive en una sociedad que está constantemente comunicando una amplia variedad de visiones de mundo y aquellos hábitos de acción individual terminarán afectando a la sociedad.

[1] Albert Wolter, término alemán Weltanschauung.

[2] C.S. Pierce, Collected Papers en Signo en acción. El origen común de la semiótica y el pragmatismo de Jesús Elizondo.

[3] Ana Correa es artista escénica con carrera técnica en música, arte y humanidades con especialidad en teatro; sigue preparándose y aspira a una Licenciatura en artes escénicas. Actualmente trabaja en el Circo Curioso de Mérida, Yucatán.

[4] Teoría literaria iniciada con el filósofo alemán Jacques Derrida.

 

fb_img_1450225964780-2Por Silvia Polanco

La necesidad de Justicia universal en medio del Relativismo social

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No puedo creer que llegué llorando a casa, no sólo por mis desilusiones personales, no, por una profunda tristeza por México, sus problemas políticos, sociales y quizá sobre todo económicos. Y no estoy haciendo metáfora, en verdad estaba agitando mi corazón. Pensaba en la pregunta del millón: ¿qué nos pasa, cuál es el “problema” con nuestro país? Las repuestas abundan y creo que cualquiera podría desde tener una especulación sencilla hasta un argumento crítico bien elaborado acerca de ello. Me voy a dirigir a este tema con mesura y límite, pues no pretendo más que hacer una reflexión de aquella dinámica que hay detrás de los discursos oficiales que están en pugna.

¿Bastaría culpar al sistema y hablar de la  opresión que ejerce un país de primer mundo? ¿Cuáles son las posibles soluciones o interpretaciones acerca de este problema social? Según Karl Marx, el problema está en las relaciones de una sociedad de clases, en donde la élite oprime a la menor. Entonces la solución resulta ser eliminar las jerarquías y modificar la estructura.

En esta sociedad posmoderna, hemos dejado simplemente de creer en un absoluto; estamos en la muerte de todo aquello que nos remita a un dogma o ley. Diferente a lo que se crecía en la época moderna; en la Revolución Científica hubo un “despertar” a lo experimental y científico. También en esa época se consideraba a la razón como el eje de todo análisis y comprensión de la realidad, la materia fue exaltada en su esplendor, y las ideas básicas del romanticismo habían caído.

La posmodernidad se reconoce entre muchas otras características como la variedad de valores y mezcla de lo ofrecido o propuesto por una nueva persona o corriente, en otras palabras la posmodernidad está caracterizada por tener un “relativismo social”, en donde todas las esferas se plantean desde una visión “neutral”. En el aspecto moral y legal tenemos por ejemplo un problema llamado: violencia en México realizado por nuestro país vecino Estados Unidos.

La justicia se aplicaría en el intercambio de poder; es decir, los actores que oprimen pasarían a ser las víctimas, y las víctimas tomarían el mando; a esto surge una pregunta ¿realmente esto hace justicia?[1] Es precisamente lo que se quiere lograr al manifestarse; se ha convertido en una misma lucha de poder. Se está pidiendo a gritos que

Por otro lado Luis Villoro nos propone la necesidad de una ética universal, en su artículo: Sobre el relativismo cultural y universalismo ético. En torno a las ideas de Ernesto Gardón Valdez. La propuesta implica la existencia de universales aún en grandes ámbitos culturales. Los que se dicen “relativistas sociales” buscan establecer parámetros de convivencia unos con otros, quieren proponer universales. No será que eso es parte del ser humano, ese sentido de crear buenas leyes de convivencia; así como el concebir con un mismo sentir un repudio por violencia, opresión y marginación.

Por ello para que el lector “resuelva en casa” tenemos las siguientes cuestiones: ¿en realidad pueden coexistir un relativismo social y justicia humana universal?, o ¿nos estamos engañando a nosotros mismos haciéndonos creer que podemos ser libres y laicos en la sociedad, sin darnos cuenta que somos esclavos de la injusticia y violencia entre nosotros mismos? ¿Quién o qué podría darnos una justicia plena, acompañado por un profundo amor, capaz de ayudar al que es oprimido y al que no entiende que está oprimiendo? Creo que alguien externo, perfecto, eterno y personal definitivamente sería el único capaz. Y la única persona y deidad que conozco es el Dios judeo-cristiano, el Dios de la Biblia. Así que, seguiremos buscando en nuestra finitud o iremos por aquél que lo gobierna todo.

Referencias:

Butler, J. (2006). Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós. Villoro, L. (1998). Sobre el relativismo cultural y universalismo ético. México: UNAM.

[1] Reflexiones del M.C. Abraham Absalón Itzá Martínez, charla sobre la deconstrucción.

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El reino del Postestructuralismo. Jacques Derrida y su propuesta: la Deconstrucción

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Las épocas y movimientos artísticos cambian, tanto en su expresión, como en su análisis; no es la excepción de nuestro siglo XXI. Respecto a los estudios literarios nos encontramos en la época postestructural; la cual es también amplia en su variedad de elementos, uno de ellos es la ruptura de un estructura fija, el cual considera en sus fundamentos que un texto debería ser analizado por reglas específicas que los mismos académicos proponían, tenemos por ejemplo a uno de los máximos representantes de la semiótica, Fernand Saussure.

La teoría de la deconstrucción literaria particularmente tiene muchas ramificaciones que le hacen ser una teoría compleja y relevante en nuestros días. Me refiero a que estamos en la época de la posmodernidad, o bien como dice Guilles Lipovestky en una época en la que: “la sociedad posmoderna no tiene ídolo ni tabú, ni tan sólo imagen gloriosa de sí misma, ningún proyecto histórico movilizador, estamos ya regidos por el vacío, un vacío que no comporta, sin embargo, ni tragedia ni apocalipsis” (Lipovestky, 2010: 9-10).

Jacques Derrida fue el principal fundador de la teoría de la deconstrucción; el suponía que el estado físico y mental del humano occidental estaba destinado a pensar en un elemento central de trascendencia. Gran parte del análisis consistía en llegar a entender cómo operaba el “lugar central”. Entre los ejemplos de aquellos conceptos que ocupan el lugar central, se encuentran: ser, esencia, sustancia, verdad, hombre, Dios.

Es importante entender este factor “central”. La crítica que realiza no se trata de eliminar el concepto de “centro”, sino de manipularlo: “Todo lo que podemos hacer es negarnos a que uno u otro polo de un sistema (cuerpo/alma, bueno/malo, serio/no serio, etc.) se convierta en centro y garante de presencia” (Selden 2000: 104).

La existencia de un centro exige una periferia; éste es el problema que plantea Derrida. Los centros marginan el borde. Se marca una diferencia entre la figura dominante y el Otro marginado. Esta división encaja adecuadamente en la teoría de la deconstrucción, ya que el pensamiento occidental está conformado por elementos centrales. Por mencionar un ejemplo: el cristianismo ha sido una de las figuras centrales más fuertes en la historia occidental, al estar operando en el centro, las otras religiones son periféricas y marginadas; pero también se puede decir que en otras culturas sucede de la misma manera el juego jerárquico.

A todo esto se ha de considerar no sólo como popular o interesante la propuesta de Jacques Derrida sino nos encontramos en una interpretación distinta de la realidad. A este filósofo le precedieron otros teóricos Julia Kristeva, Jacques Lacan, Michel Foucault, Judith Butler; entre otros. Ellos no solo utilizaron la propuesta para referirse al estudio de la lingüística, no, sino que utilizaron el discurso como fundamentos para plantar ideología en su propia área de estudio.

Es curioso hacer notar que el conocimiento tiene como un estilo de salto teórico, de un plano a otro. Pero es así como se formó el pensamiento deconstructivo dentro del movimiento postestructural, por lo cual le llamamos un  “Reino del postestructuralismo”, estableciendo su propio reino éste se encuentra operando desde su creación hasta nuestros tiempos (aproximadamente 1960-2016). En la academia se considera la manera más actualizada de realizar análisis de textos literarios e ideológicos, expandiéndose cada vez más a otras disciplinas que existen en el área de Sociales y Humanidades.

A partir de esta reflexión es menester dejar al lector unas preguntas para “resolver en la casa”. ¿Si la deconstrucción realizó en su tiempo una ruptura teórica, ahora que se ha vuelto de las más utilizadas, podemos decir que se está centralizando este mismo discurso teórico? ¿En realidad existe una libertad al elegir una postura de análisis? ¿O acaso estamos entrando al reino del postestructuralismo?

Silvia Polanco