REPENSANDO LA INFANCIA DEL SIGLO XXI

El día de hoy les hablaré un poco más casual que como lo he hecho en las ediciones pasadas. Tengo un viejo recuerdo de cuando era pequeña y veía la televisión junto con mi hermano, no recuerdo el número de canal que era, pero se trataba de “TV-UNAM”, había por las tardes una programación para niños; en realidad no recuerdo qué programas en particular veía en ese canal, pero lo que sí recuerdo es que salía un comercial muy peculiar que llevaba consigo una canción pegajosa para el oído, la letra iba así: “córrele, córrele, si ese grandote no quiere entender, córrele, córrele, y ponte a salvo será por tu bien… después lo aclaras ¡pa’ qué tienes pies!…”

No me daba cuenta de la cosmovisión que ésta presentaba; un mensaje tan claro y directo iba en las ondas musicales que se presentaban. Revelaba por supuesto, el pensamiento que se vivía en nuestra época. Ya desde los años 60’s se había dado la Declaración de los Derechos del Niño, pero no es hasta el 2 de septiembre de 1990 que entra en vigencia el tratado a nivel internacional (UNICEF), en el que México estaba siendo parte aún (cabe recalcar que la creación de este fue en el año 1953, pero no se había propagado hacia México sino hasta 1990). Es decir, justo el año en que nací se empezó a dar vigencia y vigor a la defensa de los niños en México.

Este comercial estaba educándome (o dándome una Paideía[1]), sobre qué debía hacer moralmente; me enseñaba a “qué hacer cuando mis padres me quieran pegar”. Lo curioso era qué yo no tenía un conocimiento previo de la educación antigua salvo por las historias de mis padres acerca de cómo les castigaban mis abuelos. Mi madre no tenía en definitiva la cultura de golpearnos o gritarnos de manera desordenada. Ella tenía un carácter manso el cual nos daba alegría a mi hermano y a mí, porque con ella sentías la confianza de equivocarte y estar “libre de culpa”. Así que la canción sólo se me daba curiosidad, y gustaba por tener un buen ritmo.

Veintiséis años después de aquella declaración, y veinte de aquella experiencia, la manera de ver a la infancia no ha cambiado mucho. Se siguen proclamando y defendiendo más derechos de los niños, se siguen creando programas para que el niño logre una vida feliz y satisfactoria, en comparación con los adultos; quienes se dice que en realidad ellos si están llenos de preocupaciones. Sin embargo; hoy en día el niño parece ser un pequeño emperador, el que dirige a la familia, el que dicta las reglas del hogar. Los padres en su intento por complacerlos y darles todo, se encuentran obedeciendo las órdenes de ellos. De nuevo, un aspecto marginal se exalta hasta convertirse en el eje rector y el otro se vuelve marginado.

Las preguntas serían: ¿cuándo volveremos a intercambiar paradigmas?, ¿no nos cansaremos de regresar a lo mismo y estar jugando eternamente?, Primero los padres como autoridad hacia sus hijos; luego los niños siendo la autoridad de los padres. Es una realidad que los padres quebrantaron la regla moral de protección, amor y cuidado a sus propios hijos, es una triste y penosa realidad que exista desórdenes tan desastrozos como la pedofilia, infanticidio, o violencia de cualquier índole. Sin embargo, realizando un simple intercambio, sólo ha generado niños mimados, perezosos, inmaduros, dependientes y autoritarios.

Ésto sólo nos deja ver la problemática humana más profunda, dominio y exhaltación del ego. Sólo nos deja ver a un ser humano poniendo en primera instancia sus propios deseos e intereses; actualmente los niños usan los discursos de poder para salir beneficiados. El niño no puede ser tocado por nadie, ni por los padres ni por los profesores y la capacidad de aplicar disciplina se vuelve cada vez más restringida y compleja. Con esto, no sugiero que se regrese a la época de “golpes con la cuerda y gritos sin sentido”, no; pero si reflexionar que nuestra problemática es más global.

El niño necesita padres que le amen, le guarden, le provean y le capaciten a ser un individuo capaz de ser pleno hacia él mismo y hacia su entorno social. El problema no son si tiene o no derechos, el problema es si su padre le abandona o no, si su padre le pega o no, si su padre es un ejemplo ético o no. Ciertamente los derechos fueron creados y se utilizan para regular la conducta humana; de nuevo las preguntas son: ¿acaso acabará el problema?, ¿seguiremos dando vueltas de intercambio jerárquico (o deconstructivo) [2] a nivel ideológico?

Silvia Polanco

[1] Se refiere al término usado en la antigua grecia para referirse a la crianza y enseñanza moral de los niños.
[2] En otras ocasiones se ha mencionado este concepto para referirse a la propuesta postestructural a nivel literario, filosófico e ideológico, la cual consiste en realizar una inversión entre lo central (élite que oprime) y lo margidado (la víctima). Es uno de los principales principios ideológicos que se utilizan en los grupos y movimientos que se han levantado durante el postmodernismo.
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