Jóvenes y la educación: preparatoria estatal en Mérida, Yucatán

Dedicado a A los jóvenes del 2do grado, grupos A, B y C

 Hace cuatro meses conocí a unos jovencitos que jamás olvidaré en mi vida. Con cariño recordaré a mis ex alumnos de la Escuela Preparatoria Estatal No. 8 “Carlos Castillo Peraza”, Mérida, Yucatán. Escuchamos hablar de educación en todos los medios de comunicación, es un tema recurrente, sobre todo para el país mexicano. Nuestra educación resulta ser insuficiente en comparación con otros países de primer mundo. ¿Qué diremos en medio de un panorama que no nos pinta buenas noticias?

Desde la primaria estamos acostumbrados a un sistema educativo al estilo “militar”; nos debemos levantar muy temprano, formarnos en filas del menor al mayor, luego el profesor habla y regaña a cada momento si no prestas atención. Eso por seis años. Más tres de secundaria, y tres más de preparatoria. Justo ahí me encontré con ellos, en su octavo año del mismo sistema. Sí, el mismo año en que los Youtubers y la Mars revolucionan a la sociedad juvenil, tanto Millenials como Generación Z. Es prácticamente un hecho que no tomamos en serio los discursos oficiales que dicen los políticos y diversas autoridades sociales.

Hacer las cosas diferentes, innovar, modificar, mejorar, son características que me han seguido desde joven; pero ¿cómo hacerlo en medio de un sistema grande y pesado? Así que tuve una idea, mis clases serían diferentes. Me propuse a enseñarles a mis estudiantes a pensar por sí mismos.

Tener clases diferentes no sería el único plan que debía ejecutar para marcar una diferencia, y quizá mover un poco la malla que nos limita a los mexicanos en ser estudiantes brillantes. Definitivamente tenía que ganarme su atención, pero no sería con el método tradicional: “te regaño y me respetas”, “yo doy órdenes, tú las obedeces”. Me di a la tarea de interesarme en sus vidas de manera particular e integral, sabía que no podría llegar a conocer las necesidades de todos pero si podría entender a algunos que tuvieran el interés, tanto de aprender como de vivir.

Me encontré con vidas individuales con ganas de trascender, con muchas preguntas, y pocas respuestas dadas por los adultos. Vidas que viven el presente y ciertamente no piensan en lo importante que es su futuro y que cada cosa que hagan el día de hoy tendrá consecuencias que marcarán lo que suceda mañana. Pero precisamente para eso estamos los maestros, para servir de dirección a ellos, no para juzgarlos.

También me di cuenta del talento que tenían, algunos habían realizado un excelente trabajo fotográfico, tienen la calidad de participar en un concurso me dijo un amigo, al ver sus fotografías. Me encontré al violinista, al pintor, al guitarrista, a los que saben actuar, a los escritores, a los poetas, a los que aman escribir teatro. Les dije el último día de clases: -yo no creo que haya alumnos tontos, ustedes son inteligentes, lo que creo es que hay maestros que no saben encausar sus energías-.

La pereza, el conformismo y la amargura destruyen la experiencia maestro-alumno. Les dije que los entendía, -yo no fui la chica más inteligente, no siempre fui lectora, no siempre hacía las tareas; pero hubo un punto en el que toqué fondo y ver mis malas notas me hicieron recapacitar, fue entonces que entre otros puntos de esperanza conocí uno que me cambió la vida: la lectura y la escritura.-

-¡No tienen que seguir así!- les dije, esa era la buena noticia; les animé a que si no habían tenido un año tan bueno en sus notas, dieran el giro a su vida, podían hacerlo. Después de todo, una servidora, era un ejemplo imperfecto de cómo el esfuerzo y las ganas de hacer algo por la sociedad trae su fruto en algún momento. Ya no era la adolescente que seguía a la multitud, ahora estaba parada enfrente de ellos enseñándoles valores, responsabilidad, pensamiento crítico y literatura; cosa que en su edad nunca imaginé hacer, pero ese día yo misma me sorprendí de ver cómo la influencia de mis profesores había dado fruto y ellos lo estaban saboreando.

Exposición ganadora 1er lugar
La literatura y la pobreza

 

 

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